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EFE.- La situación del brote de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) es “profundamente alarmante” dos semanas después de la declaración de la epidemia, alertó este sábado la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).
“Dos semanas tras la declaración del brote de ébola en la provincia de Ituri, la situación es profundamente alarmante y motivo legítimo de inquietud tanto para las comunidades como para el personal sanitario de primera línea”, declaró el director adjunto de operaciones de MSF, Alan González, en un comunicado.
El actual brote, que según la agencia de salud pública de la Unión Africana (UA) ya ha causado 246 muertes y mil 77 casos sospechosos, es el primero que registra “tantos casos tan poco tiempo después de su declaración”, advirtió González.
Además, afirmó que las comunidades locales necesitan “urgentemente” una respuesta “a la altura de la magnitud de la crisis a la que se enfrentan”, pues los actuales esfuerzos aún no han logrado seguir el ritmo a la “rápida propagación” del virus.
“La realidad actual es que nadie conoce la verdadera magnitud y gravedad de este brote. Cada día se notifican nuevos casos sospechosos, pero cientos de muestras siguen sin analizarse”, añadió.
A las dificultades de diagnóstico por la “limitada capacidad” de realizar pruebas se unen “importantes restricciones” como el cierre de fronteras y aeropuertos, lo que retrasa la llegada de suministros médicos esenciales, ayuda humanitaria y personal especializado.
“Sabemos por experiencia que estas medidas dificultan gravemente la respuesta al brote y aíslan a los países que necesitan urgentemente apoyo internacional”, lamentó.
González también señaló el “limitado” número de organizaciones médicas especializadas que operan sobre el terreno y que el nivel de apoyo prestado “dista mucho” del que se necesita, con muchos centros de salud “desbordados” en comunidades donde las necesidades médicas “ya son acuciantes”.
Para lograr un mejor control de esta crisis, González apuntó la necesidad de ampliar “de inmediato” la capacidad de realización de pruebas; de una respuesta global más “rápida, coordinada y adaptada”; y un acceso garantizado y sostenido que permita la llegada de suministros médicos y personal humanitario a las zonas afectadas.
“La respuesta no puede tener éxito si se impone a las comunidades en lugar de construirse con ellas. Cada aspecto de la respuesta debe basarse en un compromiso continuo con las comunidades: escuchar sus preocupaciones, abordar el miedo y la desinformación, y generar confianza para que las personas se sientan seguras al buscar atención”, agregó.
La epidemia se corresponde con la cepa de Bundibugyo, cuya tasa de letalidad oscila entre el 30% y el 50% y para la que no existe vacuna autorizada o tratamiento específico, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que considera “alto” el riesgo de brote en África subsahariana y “bajo” a escala global.
La OMS indicó que el virus probablemente comenzó a circular en Ituri unos dos meses antes de declarar el brote como “emergencia de salud pública de importancia internacional”.

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