Miles de mujeres participaron el 8 de marzo en la movilización desde el Campus Chamilpa de la UAEM hasta la Plaza de Armas de Cuernavaca, en el marco del Día Internacional de la Mujer. Exigieron justicia por Kimberly Joselin Ramos y Karol Toledo, estudiantes de Psicología desaparecidas y asesinadas con menos de una semana de diferencia; también intervinieron edificios y monumentos con iconoclasia para visibilizar la violencia feminicida en la entidad.
El contingente inicial estuvo formado por alumnas de la UAEM. Pronto se sumaron madres, familiares y mujeres solidarias. Portaban mantas, carteles y paliacates morados y verdes, mientras coreaban consignas como: “Kimberly, escucha, esta es tu lucha” y “Justicia para Karol”.
Encabezaba la marcha una manta morada con la leyenda: “Feminismo contra toda guerra”. Detrás, nombres e imágenes de víctimas de feminicidio, entre ellas Aylin Rodríguez, estudiante desaparecida y asesinada en 2025. Su madre, Karime Rodríguez, señaló que la investigación apenas registra avances: “No ha habido sentencia. No podemos pasar de una audiencia intermedia”.
Otra pancarta mostró la ficha de Itzel Zurisaday Sánchez Valdez, desaparecida desde julio de 2024 en Tlaltizapán. Su amiga Nancy González denunció que, a pesar de las búsquedas, no hay responsables ni avances, y pidió a las autoridades garantizar justicia.
Durante la marcha se realizaron intervenciones de iconoclasia en el centro de salud IMSS-Bienestar de Tlaltenango, el antiguo Congreso de Morelos y algunos establecimientos. El Ensamble de Re-Percusión Wamazo acompañó la protesta, golpeando vallas de hierro que buscaban contener a las manifestantes.
A su paso, las mujeres portaron pancartas con mensajes como: “Las mujeres merecemos vivir seguras, libres y sin violencia”, “Que ser mujer deje de ser una condena” y “Por quienes abrazaron a su mamá sin saber que sería su último abrazo”.
También se escuchaban consignas directas: “Vivas se las llevaron, vivas las queremos”, “Señor, señora, no sea indiferente, se matan mujeres frente a todos” y dirigidas a la presidenta Claudia Sheinbaum y, por primera vez contra la gobernadora Margarita González Saravia, por la gestión de la violencia feminicida en la entidad y la respuesta tardía ante el caso Kimberly.
Al llegar a la Plaza de Armas, miles de mujeres rodearon un altar en memoria de Kimberly. Colocaron pancartas y consignas en las vallas. El bloque negro intervino el Palacio de Gobierno con pintura, un artefacto que generó fuego, piedras y martillos. Otro grupo escaló el monumento a Emiliano Zapata, generando apoyo de las asistentes. Entre las manifestantes se escuchaba: “¡Esas morras sí me representan!”
El Comité Permanente de la Marcha del 8M leyó un pronunciamiento en el que denunciaron la omisión del Estado frente a los feminicidios, la lentitud de las investigaciones, la indiferencia institucional y los casos de violencia vicaria. También cuestionaron la instalación de vallas en la Plaza de Armas, consideradas un símbolo de la incapacidad del gobierno para proteger a las mujeres y garantizar justicia.
La movilización cerró con cantos, consignas y memoria. Las participantes entonaron “Canción sin miedo”, de Vivir Quintana, convertido en himno de mujeres en lucha en América Latina. Entre gritos y abrazos, la marcha dejó un mensaje claro: las mujeres no están solas, no aceptan la indiferencia y exigen justicia para todas.

